Informe de ONUSIDA: Una epidemia estabilizada con 20% menos nuevas infecciones y muertes

November 25, 2010

Posted by Javier Hourcade Bellocq

Regional Representative: Latin America and the Caribbean Team

Escribe Corresponsal Clave Javier Hourcade Bellocq

El 23 de noviembre, el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) publicó su informe anual de la epidemia con lo que parecen ser buenas noticias, en vísperas de celebrarse otro Día Mundial de la Lucha contra el SIDA el próximo primero de diciembre. Según el informe de ONUSIDA, existen evidencias de que se ha logrado frenar la epidemia, reduciendo la propagación y mortalidad del VIH.

“Las nuevas infecciones han caído en torno al 20% en los últimos 10 años; las muertes relacionadas con el SIDA se han reducido en cerca del 20% en los últimos 5 años y el número total de personas que viven con VIH se ha estabilizado. En este artículo compartiremos más datos del informe y comenzaremos una reflexión en torno al significado de esta información”, menciona el comunicado de prensa del ONUSIDA.

Los informes anuales sobre la epidemia se elaboran en base a datos del año anterior, en este caso el 2009, debido al proceso de recolección de información epidemiológica que se realiza en los países anualmente. El año pasado, 2,6 millones de personas se infectaron con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) contra 3,1 millones en 1999. Así también, 1,8 millones de personas fallecieron como consecuencia de enfermedades relacionadas con el SIDA en comparación a los 2,1 millones de hace 10 años. En ambos casos, se trata de una reducción de una quinta parte. A fines del 2009 se estimó que 33,3 millones de personas vivían con el VIH, una cifra un poco superior debido principalmente a una mayor sobrevida de las personas con VIH como resultado de las terapias efectivas.

Un estudio sobre 182 países

ONUSIDA afirma que estos resultados se deben en parte a que la prevención está funcionando, con una reducción del 25% en 56 de 182 países estudiados. Pero más allá de estos datos prometedores, en África subsahariana -donde se concentra el 70% de los casos a nivel mundial- la epidemia se habría estabilizado, si se lo compara con países de Europa Oriental y Asia Central. Esta última subregión del planeta que presenta una epidemia emergente ha sido sistemáticamente no priorizada por el financiamiento internacional, y sin lugar a dudas debe haber aquí alguna relación de causa-efecto.

Existe la posibilidad de que parte del impacto positivo en la epidemia, la estabilidad o reducción en muchos casos de las nuevas infecciones, tenga un correlato con un mayor acceso al tratamiento antirretroviral. Es difícil aseverar esto sin mayores evidencias y estudios a gran escala, pero como lo mencionáramos en los artículos de la Conferencia Internacional de Viena, ya nadie discute que el tratamiento tiene un rol clave en la prevención.

Prevención y/o tratamiento

La relación que existe entre prevención y tratamiento es despareja: por cada dos personas que contraen el virus, una inicia tratamiento. Más y mejores estudios sobre el tratamiento como prevención para reducir la relación infección-tratamiento de 2 a 1 será de seguro una de las principales prioridades en una sostenida reducción en los nuevos casos.

Estos datos ponen en evidencia también, por un lado, que la inversión en prevención es insuficiente, y por el otro, que los modelos de abordaje, en especial aquellos dirigidos a modificar comportamientos y mantener conductas “saludables” en el tiempo, tienen una limitada eficacia.

Condones y algo más

El tema de las barreras de la prevención tiene un costado fuertemente arraigado en los derechos humanos. En la medida en que no se avance en reducir la violencia de género y la violencia dirigida a las poblaciones en situación de mayor riesgo, no se podrá contener la epidemia en mujeres, personas transgénero, trabajadoras sexuales, gays y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH). Poco se podrá avanzar si muchos de los centros de salud y educativos continúan maltratando a estas personas, mientras la policía y las bandas las manipulan y matan como resultado de diferentes procesos de corrupción y violación de los derechos humanos.

El estigma y la discriminación son barreras muy importantes. Los gobiernos y otros creadores de políticas y tomadores de decisión se resisten a trabajar directamente con las poblaciones en mayor riesgo. Como indicador, los pocos programas que existen en este sentido son los que se encuentran financiados por el Fondo Mundial para el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Mecanismo que, paradójicamente, se está quedando con menos recursos económicos, en particular para financiar países con perfiles de epidemias concentradas en determinadas poblaciones, como los de Latinoamérica.

Ganancias frágiles

En los próximos días, en ocasión de la celebración del Día Mundial del SIDA, no debemos dejarnos llevar por un exitismo precoz, el que además puede en alguna medida reforzar un mensaje equivocado de que la crisis se ha terminado. En nuestra región, en un año, más de 100 mil personas han contraído el VIH, mayoritariamente jóvenes y personas en mayor riesgo (trans, gays, HSH y trabajadoras sexuales).

Los grandes desafíos de los próximos años serán: mantener los recursos financieros mínimos para incrementar el acceso a la prevención y al tratamiento en nuestro países con fuentes domésticas e internacionales, e intensificar el trabajo en Derechos Humanos y reducción del estigma y la discriminación que permitirá llegar a las poblaciones más marginadas y excluidas de nuestra sociedad.

La lucha por la no exclusión sintetiza, quizás, lo que vendrá. La no exclusión de países por sus niveles de renta o por estar co-financiando su respuesta al VIH/SIDA. La no exclusión social de las poblaciones en situaciones de mayor riesgo que no solo están más expuestas al VIH y las ITS, sino también a la violencia y a otras violaciones de los Derechos Humanos. La no exclusión social de las personas en situación de pobreza, porque el SIDA seguirá golpeando más duro a los que menos tienen, y sin seguridad alimentaria será muy difícil sostener los tratamientos en el largo plazo y más aún los esfuerzos de prevención.

La crisis y la urgencia no han terminado, como tampoco la necesidad de dar respuestas excepcionales que estén a la altura de cada circunstancia. No podemos dejar que baje la guardia cada persona que tiene el poder de firmar y comprometer recursos financieros en nuestros países y en los países desarrollados, como así tampoco cada persona que tiene una relación sexual y duda u olvida usar el condón.

“Las inversiones en la respuesta al SIDA están dando frutos, pero las ganancias son frágiles”. Michel Sidibé, Director Ejecutivo del ONUSIDA.

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